lunes, 29 de octubre de 2018

Tenemos que hablar sobre Jalogüín


Está por terminar octubre, así que tenemos que hablar sobre Jalogüín.

Es una fecha tradicional estadounidense donde se acostumbran los disfraces, los confites y las fiestas. Tiene símbolos muy marcados como la calabaza con la candela dentro, las brujas en escoba voladora y los gatos negros, los colores naranja, morado y negro. No es un día feriado, pero parece que les encanta a los gringos. ¿A los ticos también?

En nuestro país he visto como viene creciendo la celebración del Jalogüín en los centros comerciales, sobre todo en el área metropolitana, la publicidad de ciertos refrescos y galletas o restaurantes se dirige a jóvenes o niños con los símbolos de la festividad y los disfraces aparecen en las vitrinas de todo tipo de negocios: tilicheras de chinos, tiendas de ropa americana o erótica y grandes almacenes como El Rey o Pequeño Mundo sacan a la venta sus máscaras de plástico. 

Empecemos por explicar de qué se trata todo esto. Dice la gran madre enciclopédica (Wikipedia) que el Halloween tiene su origen en una celebración del fin del verano que los celtas iniciaron y luego los irlandeses trajeron a Estados Unidos, la palabra viene de la unión de dos raíces que se traducen más o menos como la víspera del día de los santos. Se supone que la fecha acerca a los espíritus (buenos y malos) al mundo de los vivos y el uso de máscaras aleja a los malignos de los vivos y colocar candelas en la calabaza cerca de la ventana, los ahuyenta de las casas. 

No es coincidencia que se encuentre junto a las celebraciones católicas del Todos los Santos (1 de noviembre) y Fieles Difuntos (2 de noviembre), pues estas fueron movidas de las fechas originales de mayo para tratar de cristianizar la fiesta pagana, con lo cual, tenemos hoy una celebración sincrética. 

Pensé en primera instancia que eso explica por qué en México se celebra el día de muertos con tanto énfasis en el regreso de los antepasados a los altares a comer las ofrendas que sus familiares vivos les dejan, pero resulta que tiene su origen en las tradiciones mexicas precolombinas y se fusionó con las festividades católicas. ¡Demasiadas coincidencias!

Para acabar con la historia, el cine de terror de los 70s y 80s ayudó a popularizar la manera gringa de celebrar el Jalogüín, con lo cual resulta lo que vemos en nuestros días. 

Lo que nos debe detener a reflexionar es la razón para que nosotros, los costarricenses, estemos envueltos en este rollo. La respuesta es la misma que encontré para los adornos de Navidad: el comercio. Todo evento que pueda generar ganancias debe ser explotado, publicitado y anunciado en medios, muchos bares hacen sus fiestas con concursos de disfraces (que hay que comprar, hacer o alquilar), adquirir una entrada, comprar una bebida o llevar a los niños a que les pinten la cara de calaca genera una ganancia para ellos. Rescato que los más pequeños se ven felices con sus disfraces y comiendo confites, pero eso lo hacen durante el día del niño y de la niña con mejor intención, ahí no predomina el motivo de los muertos, las brujas o los monstruos, sino la ilusión de un mejor futuro.

Aparte del asunto económico, el tema cultural se ha visto abordado desde otra perspectiva: ¿De qué manera se asustaba a los ticos antes? ¡Ah!, ¡sí! con las leyendas costarricenses y, por supuesto, las mascaradas, por lo que desde 1997 se establece el 31 de octubre como Día Nacional de la Mascarada Costarricense. No siento que alcance la visibilización esperada, pues no es un artículo comercializable, ¿se imaginan comprando una gigantona o un diablillo para tener en sus casas? Los artesanos de Barva y otras comunidades las elaboran con técnicas manuales, tradicionales y un tanto pausadas, por lo que es más fácil ponerse una careta de plástico y bailar reggaetón que bailar con eso encima al ritmo de la cimarrona. Por cierto, los barveños les dicen muñecos, según me dijo mi amiga Gaby. 
  
Creo que en nuestros días es cada vez más difícil conservar lo propio y rechazar lo externo o extranjero, vivimos en la era globalizada, el cine, la publicidad, las redes sociales han impulsado el intercambio cultural y Costa Rica es susceptible a la influencia gringa, lo sabemos desde inicio del siglo XX, no lo estoy inventando, pero antes de caer en el mercantilismo que tanto amenaza con difuminar nuestro auténtico ser, pensemos un poquito, no sugiero que rechacemos todo lo foráneo, sino que invito a la reflexión sobre el mensaje que se transmite a través de nuestros actos y festividades.

Y ahora, ¡feliz fiesta pagana!

miércoles, 3 de octubre de 2018

¿Cómo que ya es Navidad?

Iba pasando yo, muy fresca por la calle en Aguas Zarcas de San Carlos a la mitad de setiembre cuando, de repente, ¡VI UNA TIENDA LLENA DE ADORNOS DE NAVIDAD!

No pude contener mi indignación, porque apenas habían pasado los desfiles patrios (tan deslucidos por la huelga) cuando ya nos están alentando a comprar lluvias, luces y muñecos de nieve, por lo cual escribí un tuit al respecto, a lo que me respondieron que en San José, eso ya era común. Lo pude comprobar en mi última vuelta a Chepe, pasé por Universal, "La tienda oficial de la Navidad" como ella se autodenomina y estaba repleta de todo lo mismo que se vende en las otras, pero a precio ridículamente alto, imposible para la plebe.

Todo lo anterior me hace reflexionar sobre varios aspectos, primero, el calendario tiene como feriados varios días entre setiembre y diciembre, pero ninguno altamente comercial: pasada la compra del farol, el chonete, los adornos de cartón con colores patrios, siguen el Día de las Culturas en octubre que se limita a actos cívicos escolares y a los días religiosos de los santos y difuntos en noviembre, después sigue Navidad, por lo que los comercios apuestan por las compras tempranas de regalos o rematar sus ornamentos navideños de la temporada pasada que llevan nueve meses en la bodega antes de exhibir lo nuevo... bueno, eso era antes, ahora muestran lo nuevo y lo bonito desde mucho tiempo antes para incentivar nuestro consumo, tal vez sienten que una vez que inicie la crisis, las series no van a ser una necesidad.

Segundo, ¿han visto que la mayoría de los adornos navideños están hechos de plástico? Esto es alarmante, existen tantos esfuerzos por reducir el uso de ese material y nos vamos pollo cuando tiene forma de Santa, de angelito o de niño Jesús, llenamos nuestras casas con guirnaldas de pelos verdes de plástico, árboles de navidad artificiales, igualmente plásticos, con sus adornos de plástico, sus luces con bases de plástico y etc, etc, etc. Saldría muy caro comprarlos de otro material, claro, pero pensemos que, en principio, poner un árbol de ciprés o pino dentro de la casa simbolizaba mantener la vida y el verdor aun cuando afuera el invierno le quitara las hojas a las demás plantas, lo cual se heredó del rito pagano al cristianismo, pero con el mismo mensaje: dentro de la casa hay esperanza de que la vida renacerá. ¿cómo se renace del árbol plástico? No se puede. Prefiramos materiales alternativos, sí hay oferta de ellos, es cuestión de escoger bien.

Tercer aspecto. Hagamos memoria, la celebración navideña es religiosa, situada en Belén de Judá hace más de 2000 años, desiertos de arena, camellos, pueblos de casas de piedra y barro, y seguimos consumiendo adornos con nieve, Santa Claus, renos, duendes, muñecos de nieve y otras cosas que corresponden al invierno gringo; el color rojo y blanco del traje de Santa fue idea de Coca Cola y ahora es casi uniforme oficial de la fecha. Al menos yo, de unos años para acá trato de evitar esas figuras, cuesta un montón, pero la creatividad es valiosa en ese aspecto: pastoras, angelitos, piñas, colores dorado y plateado, todo lo que tenga escarcha me funciona de alternativa. 

Cuarto y último, muchas personas se ven afectadas por la ansiedad, que aumenta con estas fechas de fin de año, saben que viene el aguinaldo, se sienten obligados a comprar regalos y sus niños comienzan a pedir el suyo desde setiembre porque ya lo vieron exhibido en las tiendas, no les pasa a todos, pero habrá quienes se sientan afectados por la presión de adquirir tiliches con tiempo, recordemos que vivimos en un mundo capitalista, donde vale lo que tenemos y lo que podemos (o no) adquirir. 

Para agregar un dato al punto anterior, vi un anuncio de la Caja del Seguro advirtiendo que no debemos comer tamales navideños desde ahora, con un toque de humor nos sugiere que, si compramos tamalitos desde setiembre, quienes van a estar como para chicharrones en diciembre, seremos nosotros, no los chanchos y en este punto creo que tienen razón, hay muchas señoras que se sienten en el espíritu navideño prematuro, por culpa de esas tiendas, que comienzan a cocinar y vender ese manjar de temporada, así se ganan la platica y nosotros los kilitos.


Ojalá esta breve lectura lo haga pensar sobre a lo que hemos llegado en cuanto a la dinámica comercial navideña, y si no, al menos ya pudo variar los temas que llenan de sus redes sociales. Ya saben, sigan la dieta mientras puedan y ahorren, que de fijo lo van a necesitar más adelante.