Está
por terminar octubre, así que tenemos que hablar sobre Jalogüín.
Es una fecha tradicional estadounidense donde se acostumbran los
disfraces, los confites y las fiestas. Tiene símbolos muy marcados como la
calabaza con la candela dentro, las brujas en escoba voladora y los gatos negros,
los colores naranja, morado y negro. No es un día feriado, pero parece que les
encanta a los gringos. ¿A los ticos también?
En nuestro país he visto como viene creciendo la celebración
del Jalogüín en los centros comerciales, sobre todo en el área metropolitana, la publicidad de ciertos
refrescos y galletas o restaurantes se dirige a jóvenes o niños con los
símbolos de la festividad y los disfraces aparecen en las vitrinas de todo tipo
de negocios: tilicheras de chinos, tiendas de ropa americana o erótica y
grandes almacenes como El Rey o Pequeño Mundo sacan a la venta sus máscaras de
plástico.
Empecemos por explicar de qué se trata todo esto. Dice la gran
madre enciclopédica (Wikipedia) que el Halloween tiene su origen en una
celebración del fin del verano que los celtas iniciaron y luego los irlandeses
trajeron a Estados Unidos, la palabra viene de la unión de dos raíces que se
traducen más o menos como la víspera del día de los santos. Se supone que la
fecha acerca a los espíritus (buenos y malos) al mundo de los vivos y el uso de
máscaras aleja a los malignos de los vivos y colocar candelas en la calabaza cerca de la ventana, los
ahuyenta de las casas.
No es coincidencia que se encuentre junto a las celebraciones
católicas del Todos los Santos (1 de noviembre) y Fieles Difuntos (2 de
noviembre), pues estas fueron movidas de las fechas originales de mayo para tratar
de cristianizar la fiesta pagana, con lo cual, tenemos hoy una celebración
sincrética.
Pensé en primera instancia que eso explica por qué en México se
celebra el día de muertos con tanto énfasis en el regreso de los antepasados a
los altares a comer las ofrendas que sus familiares vivos les dejan, pero
resulta que tiene su origen en las tradiciones mexicas precolombinas y se
fusionó con las festividades católicas. ¡Demasiadas coincidencias!
Para acabar con la historia, el cine de terror de los 70s y 80s
ayudó a popularizar la manera gringa de celebrar el Jalogüín, con lo cual
resulta lo que vemos en nuestros días.
Lo que nos debe detener a reflexionar es
la razón para que nosotros, los costarricenses, estemos envueltos en este
rollo. La respuesta es la misma que encontré para los adornos de Navidad: el
comercio. Todo evento que pueda generar ganancias debe ser explotado,
publicitado y anunciado en medios, muchos bares hacen sus fiestas con concursos
de disfraces (que hay que comprar, hacer o alquilar), adquirir una entrada,
comprar una bebida o llevar a los niños a que les pinten la cara de calaca
genera una ganancia para ellos. Rescato que los más pequeños se ven
felices con sus disfraces y comiendo confites, pero eso lo hacen durante el día
del niño y de la niña con mejor intención, ahí no predomina el motivo de los muertos, las brujas o los monstruos, sino la ilusión de un mejor futuro.
Aparte del asunto económico, el tema cultural se ha visto abordado
desde otra perspectiva: ¿De qué manera se asustaba a los ticos antes? ¡Ah!, ¡sí!
con las leyendas costarricenses y, por supuesto, las mascaradas, por lo que desde 1997
se establece el 31 de octubre como Día Nacional de la Mascarada Costarricense. No siento que alcance la visibilización esperada, pues no es un artículo
comercializable, ¿se imaginan comprando una gigantona o un diablillo para tener
en sus casas? Los artesanos de Barva y otras comunidades las elaboran con
técnicas manuales, tradicionales y un tanto pausadas, por lo que es más fácil
ponerse una careta de plástico y bailar reggaetón que bailar con eso encima al ritmo de la
cimarrona. Por cierto, los barveños les dicen muñecos, según me dijo mi amiga
Gaby.
Creo
que en nuestros días es cada vez más difícil conservar lo propio y rechazar lo
externo o extranjero, vivimos en la era globalizada, el cine, la publicidad,
las redes sociales han impulsado el intercambio cultural y Costa Rica es
susceptible a la influencia gringa, lo sabemos desde inicio del siglo XX, no lo
estoy inventando, pero antes de caer en el mercantilismo que tanto amenaza con
difuminar nuestro auténtico ser, pensemos un poquito, no sugiero que rechacemos
todo lo foráneo, sino que invito a la reflexión sobre el mensaje que se
transmite a través de nuestros actos y festividades.
Y ahora, ¡feliz fiesta pagana!