miércoles, 18 de julio de 2018

Twitter: la red social más agresiva

Twitter es para mí una red social muy interesante desde el punto de vista lingüístico: se puede analizar una discusión seria en intervenciones de 140 caracteres; aquí hay que utilizar todos los recursos del lenguaje para expresarse con claridad y precisión, cambiar a verbos contractos en futuro, evitar la voz pasiva, reducir los adjetivos al mínimo, evitar esas exageradas formas de cortesía que caracterizan al tico para que quepa en el cuadrito de texto la idea inicial.

Aún con esas restricciones se puede denunciar abusos, compartir mensajes humanitarios, criticar, analizar un problema, intercambiar puntos de vista contrarios sobre política, legislación, deportes y creencias.

No obstante, he reflexionado a lo largo de la campaña política, que recién encendió ardidas discusiones sobre temas que muchos se tenía calladitos, ¿por qué la gente en Twitter convive de manera tan agresiva? Quiero detenerme a contestar esta pregunta en los siguientes párrafos, pero antes, me gustaría agregar que después de las elecciones sentí que se bajaron los humos...nada más que se volvieron a encender las antorchas para quemar brujas con el asunto de lo que llaman "identidad de género", concepto que aún nadie sabe definir, porque se lo inventaron sobre la marcha; sobre los programas de estudio para la afectividad y sexualidad en secundaria del MEP, sobre el fútbol, sobre el desfile del orgullo gay y más recientemente sobre la legalización del aborto, primero en Argentina y luego lo leí de promotores y detractores costarricenses.

Yo, con puro interés filológico, me gusta leer las réplicas que muchos hacen a partir de un comentario polémico, digamos que es un tipo de voyerismo lingüístico, ¡me fascina ver el pleito desde la barrera!

Un proceso común que encontré es más o menos así:
-Alguien publica una opinión sobre un tema tabú.
-Un contrario le contesta molesto.
-Algún tercero se siente aludido y agrega algo que ofende a alguno de los primeros.
-Ahí es cuando comienzan los insultos, se revisan la descripción del perfil para luego juzgarse a partir de falacias ad hominem: "qué se puede esperar de un tal por cual como usted", "lo dice un playo" "qué esperaban de un machista como usted"... ¡No estoy inventado, todo eso lo he leído!

Y es que los costarricenses tenemos fama de vivir bajo una doble moral: decimos que somos bueniticos, santicos, amiguitos pero apenas aparece una persona que piensa diferente nos escudamos tras un monitor para decirle por qué está equivocado, ¡para eso usan muchos el Twitter! 

Claro, que este comportamiento tiene un fundamento sociológico, muy arraigado a las costumbres costarricenses (que por ser costumbres no siempre son buenas), pero de eso conversamos en otra ocasión. Tampoco quiero que todo usuario de la red social se sienta que dentro de este saco, he visto personas tan elocuentes como la doctora @Maluavi o @leogarnier que tienen una gran paz para contestarle a los que les dicen hasta que se van a quemar en el infierno.

Consulté a algunos amigos si les parecía agresivo el ambiente del pajarito azul, me dieron aportes muy interesantes, lo calificaron de "soberbio"o de que "se quiere aparentar perfección". Concuerdan estas opiniones en que existe una necesidad de mostrar un lado "correcto" (el mío, por supuesto) y un lado "equivocado" (el del otro), a partir de esto Tzvetan Todorov desarrolló teorías muy interesantes sobre la manera en que vemos a los demás y que, según él, desencadenó el sentimiento nacionalista y una serie de barbaries, como la esclavitud, la discriminación, la segregación racial y la xenofobia, podemos sumar hoy la homofobia y la transfobia, si nos permite el filósofo búlgaro-francés.

De todo esto me queda decir que Twitter sigue siendo mi red social favorita, nunca se sabe lo que va a aparecer ahí, qué cuento chino o qué noticia interesante, o lo que más me gusta, qué pleito entre opositores me dará más material para confirmar que los seres humanos necesitan el conflicto como una dimensión de la convivencia (virtual).

Espero algún comentario, así que plis, aporten. ¡Nos leemos!

viernes, 6 de julio de 2018

La nostalgia por los 90s

Desocupado lector, creo que esta entrada le caerá mejor si usted anda por sobre los 30 años. Aunque uno nunca sabe, hay gente que se mantiene al día con la Historia. 

Mientras escucho a las Spice Girls cantar "If you wanna be my lover..." me llegan de golpe un montón de recuerdos de la infancia, por ejemplo que adoraba esta canción, por esos tiempos no tenía idea qué decía, era monolingüe en ese momento. 

Todo pasado fue mejor, dice un dicho, creo que se relaciona con el hecho de que recordar, en especial la infancia, puede ser satisfactorio para muchos. Los años noventa estuvieron colmados de incertidumbre: ¿qué va a pasar con la fecha de las computadoras cuando acabe la década?, ¿se va a acabar el mundo?, ¿qué es el Chupacabras?, ¿cuánto me dura un tarro de Plastigel?

Las respuestas llegaron con el tiempo, pero el miedo al cambio estuvo conmigo y mi generación por ese bicho chupa sangre; claro, que al estar creciendo no nos preocupábamos demasiado por esos asuntos, sino por otros, por la música de moda por ejemplo: Korn, Limp Bizkit, Backstreet Boys, las primeras de Britney, incluso un grupo de guapos venezolanos que escogieron el peor nombre del mundo: UFF, sí, se llamaban U-F-F. (los amaba...) 

La televisión por cable no estaba disponible, entonces había que ver fábulas repetidas: Sailor Moon, Los caballeros del Zodiaco, los Motorratones de Marte, El mundo de Bobby. Tampoco pasábamos mucho tiempo frente al televisor -hablo en plural, mis sobrinas y yo, con ellas dos crecí- porque la vida de pueblo, al menos para mí, estuvo fantástica, crecí sin usar zapatos, en una bici toda torcida, siempre anduve despeinada, llena de tierra y no me quitaba mi ropa favorita, todo esto causó que tenga unas defensas de campeona y cero alergias. 

No sé si todo pasado sea mejor o no, depende de lo que haya vivido cada uno, los 90s guardan un lugar especial para mí, hoy lo veo con mucho mejor perspectiva, ya no siento ese deseo pueril de "quiero ser grande" o "ya quiero crecer", de hecho, este año cumplí 30 y mis congéneres de 1988 están preparando (al igual que lo hice yo) una celebración para amortiguar el hecho de que nos estamos poniendo viejos, pero hay que tener buen ánimo, nuestra vida está por conocer una década en la que se dice que sí se comienza a vivir.